Palestina nuevo muro
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ISRAEL LEVANTA UNA BARRERA CONTRA LOS PALESTINOS
El nuevo muro
Gershom Gorenberg
15 de Agosto de 2003

Cada centímetro de la nueva barrera que separará a los palestinos de los israelíes está en disputa. No sólo los palestinos reclaman que les están robando sus tierras y los colonos judíos alegan que los están separando de su gente. Críticos de todos los sectores aseguran que esto no funcionará.

Gershom Gorenberg

El coronel Dany Tirza tiene una oficina en Jerusalén, en el Comando Central del Ejército Israelí, y otro en el Ministerio de ­Defensa, en Tel Aviv, pero su ­verdadero cuartel es su camioneta, y su lugar de trabajo, el territorio israelí a lo largo de la Línea Verde, la frontera acordada entre Israel y los palestinos en el armisticio de 1849, y que fue sobrepasada en la guerra de 1967. En la cima de una colina, Tarzi se detiene para admirar su obra: una barrera de concreto que se extiende sobre el llano.

Más allá de los muros se levanta el ­pueblo de Qalqilya, el hogar de 43 mil palestinos, en el extremo occidental de la Cisjordania ocupada. A este lado del muro, el israelí, los autos corren sobre la flamante carretera. ­Estamos en las afueras de Kfar Sava, un suburbio de Tel Aviv.

En los mapas extranjeros, Qalqilya está fuera de Israel, en el lado palestino de la Línea Verde. Pero los mapas oficiales de Israel no muestran la Línea Verde. Para sus gobiernos, ella pertenece al pasado, y la verdadera frontera aún debe ser definida en futuras conversaciones de paz.

Donde no hay límite, sí hay una barrera gigantesca, que le da forma física a la división entre israelíes y palestinos. Tirza, de 44 años, es el hombre a cargo de definir su trazado. Su intención, dice Tirza, es terminar con la "escalada interminable del terror". Menos de una milla de campo abierto, destaca, separan Qalqiya de Kfar Sava, y la ciudad palestina fue la base donde se planificó el atentado explosivo contra una discoteca de Tel Aviv, en junio de 2001, donde murieron 21 israelíes.

Tirza está diseñando una frontera entre ­Israel y Cisjordania, unilateralmente impuesta por Israel. En gran parte de ella, la barrera será una reja de alambre de púa, ­sensores y caminos, más que un muro de concreto. De cualquier forma, será un trabajo de dimensiones monumentales.

Tirza admite, calmadamente, que la barrera "es algo que durará por años", convirtiéndose en una "línea de referencia" para cualquier conversación de paz. El proyecto ha levantado diversas objeciones: en el primer encuentro entre Mahmoud Abbas, el primer ministro palestino, y Ariel Sharon, su par israelí, en mayo, Abbas exigió a Israel parar la construcción. Y, en un posterior encuentro en junio con el gabinete de seguridad israelí, Condoleezza Rice, la consejera de seguridad nacional de Estados Unidos, dijo públicamente que su país objetaba la construcción. A lo largo de su recorrido, judíos y árabes han protestado por el trazado.

Tirza diseñó el muro que se levanta aquí, enfrente de Qalqilya, de cerca de 10 metros de altura. "Hice rampas", explica, de modo que "en un caso realmente extremo" un tanque israelí pueda subir hacia el muro y disparar contra Qalqilya.

La barrera semeja el muro de una prisión. Los palestinos dicen que son los únicos ­encarcelados: la barrera rodeará completamente Qalqilya, dejando sólo una salida, hacia el este, en la que habrá un control ­israelí. Pero tal vez, como un crítico israelí sugiere, los israelíes son quienes verdaderamente quedarán dentro de los muros, como en un gueto que ellos mismos han levantado. La barrera es un hecho, pero su significado aún está por definirse.

El padre del mapa

Tirza comenzó a trabajar en el proyecto hace una década, cuando se iniciaba el proceso de paz de Oslo. El ambiente era "eufórico", como dice Tirza, mientras conduce hacia el norte desde Qalqilya, a lo largo de la "costura", la palabra que los oficiales usan para evitar referirse a la Línea Verde o a la "frontera". Su teléfono celular suena y suena. Entre interrupciones, describe el ambiente que había en el Ejército. "Nuestro esfuerzo era cambiar el diskette, de ser un ejército responsable por todo –para usar una mala palabra, un ejército de ocupación– a un ejército que trabajaba con los palestinos para construir la paz". Sonríe con amargura. "Era una misión extraordinariamente estimulante".

Tirza preparó los mapas para la negociación y formó parte de las conversaciones. Durante el proceso, dice, Arafat lo llamó Abu ­Kharita, que en árabe significa "el padre del mapa". Tres veranos atrás Tirza viajó a Estados Unidos como consejero del primer ­ministro Ehud Barak, al encuentro de Camp David. En su computador llevaba los mapas en los que había dibujado la propuesta israelí para el futuro Estado palestino.

Precisamente esa propuesta fue una de las causas del fracaso del proceso de paz, y todavía provoca ácidas discusiones. Los palestinos dicen que Israel quiere dividir Cisjordania en cantones, acusación que los israelíes rechazan. Los mapas aún no han sido mostrados. Es probable que continúen en el computador de Tirza, el mismo en el que hoy, distanciado de las conversaciones de paz, se dedica a diseñar la barrera.

La idea de establecer un "área de separación" alrededor de Cisjordania ya había surgido en los noventa entre militares y políticos israelíes. "Había una necesidad muy clara de seguridad incluso entonces", dice Tirza. Pero nadie quería hacerse responsable del trazado.

A medida que los ataques terroristas palestinos aumentaban en 2001, la idea se volvió más popular. Aun así, Sharon no estaba convencido. Sólo en abril de 2002 presentó a su gabinete el proyecto de la primera etapa de la barrera. Pasaron meses antes de que los ministros lo aprobaran. La orden de continuar en el norte de Cisjordania se dio sólo después de que la comunidad local presionó al gobierno, al comenzar a construir su pedazo de muro ellos solos, con donaciones recogidas fuera del país.

Hoy, Tirza está planeando la próxima y más extensa etapa de la barrera, que rodeará el sur de Jerusalén y luego continuará cercando el resto de Cisjordania. Tirza viaja por todo el país, hablando con comandantes del ejército y ciudadanos, dibujando la ruta primero en papel y luego chequeándola en la base computacional que construyó durante los años de Oslo y que contiene los nombres de los dueños de las tierras, la topografía, las líneas eléctricas y los recursos hídricos.

Algunos de sus oponentes dirían que lo único que le falta en la pantalla son los seres humanos. El proyecto de la barrera ha sido duramente criticado no sólo por palestinos, sino también por el grupo israelí de derechos humanos B'Tselem, por restringir el derecho de los palestinos a circular en Cisjordania, separar a los agricultores de sus granjas y tomar tierra palestina. Ghassan Khatib, el ministro del Trabajo de la Autoridad Palestina, llama a la barrera "un proyecto de expropiación de tierras", que causará el sufrimiento de gente inocente y no detendrá el terrorismo.

Tirza, sin embargo, dice que se ha preocupado de minimizar las expropiaciones. Añade que las salidas especiales, controladas por el ejército, permitirán a los granjeros llegar a sus tierras. Un informe de B'Tselem predice que "cientos de miles de palestinos" necesitarán la aprobación israelí para cruzar la barrera, lo que se sumará al resto de los controles que ya ejercen los israelíes en las carreteras. Tirza afirma que con la barrera en su lugar, los actuales controles se suavizarán. La gran ventaja del muro, dice, es que detrás de él el ejército israelí tendrá la posibilidad de reducir su presencia, imponiendo menos toques de queda y bloqueando menos carreteras.

Tal vez la mayor controversia se centra en el principio básico que Tirza defiende: la ­barrera debe levantarse donde "haya el máximo número de palestinos y el mínimo de ­israelíes. Si me encuentro con un asentamiento judío, lo rodearé". Inevitablemente, esto mezcla la discusión sobre la barrera con el debate sobre los asentamientos judíos en territorios palestinos, objetados por el resto del mundo. Pese a los desmentidos del gobierno, sus críticos asumen que el muro es la declaración de intenciones de Israel acerca de las tierras que pretende anexar en el futuro.

Cortar el tejido

Durante 36 años, Israel no sólo ha ignorado las fronteras, sino que además las ha borrado. Las nuevas ciudades israelíes han sido levantadas a ambos lados de la Línea Verde. No hay una "costura" allí. Los dos tejidos se han convertido en uno. El trabajo de Tirza es cortar ese tejido.

Admite que le toca decidir "el tipo de cosas que no te dejan en paz". Por ejemplo, cualquier trazado de la barrera destruirá la vida de los 1.500 palestinos que habitan en Azzun Atma, un pequeño pueblo contiguo a Tel Aviv y que ahora, debido a los asentamientos, está en medio de un territorio con predominio israelí.

Sin embargo, los colonos vecinos están impacientes por ver el muro terminado. Su argumento: los terroristas no podrán ingresar a su colonia con ametralladoras, como afirman que ha ocurrido varias veces.

Los israelíes más duros aseguran que Sharon está postergando la continuación de la barrera, permitiendo con esto que se sigan perdiendo vidas a manos de los terroristas. "Sharon hará lo que sea para no continuar", dice Haim Ramon, miembro del partido laborista Knesset, que defiende la barrera. "Cualquier asentamiento que no esté claramente dentro no será parte de Israel", agrega Ramon. Pero "si él incluye mucho territorio, tendrá problemas con Estados Unidos". La segunda crítica es que Sharon quiere la barrera, pero en el lugar equivocado. Los derechistas dicen que está cediendo demasiado. Los izquierdistas opinan que intenta anexar una gran parte de Cisjordania, para crear una zona de amortiguación con Jordania.

La oposición palestina, en tanto, reclama que la barrera significa "consolidar los asentamientos existentes". Yaron Ezrahi, cientista político israelí, asegura que el muro "toma el terror y lo proyecta al futuro como una condición permanente".

Mientras, la primera sección de la barrera está casi terminada. La propuesta para la segunda etapa aguarda en el gabinete hace tres meses. Tirza está listo para comenzar a construir apenas reciba la aprobación.

Asegura que el espacio abierto, indefinido, es amenazante. "Cuando marcas el territorio, sabes qué es tuyo y qué pertenece a tu vecindario", dice. Una barrera de consenso, añade, "sería lo mejor. Para nuestra desgracia, no hay con quién ponerse de acuerdo. El terror nos amenaza. Los palestinos no se deciden a actuar. Debemos decidir por nuestra cuenta. Eso incluye ordenar el espacio".

16.08.2003